viernes, 24 de junio de 2016

The Decline and Fall of the British Empire

Decline and Fall of the British Empire
En la obra de Gibbon de parecido título, el Imperio romano tardaba doce siglos en hundirse del todo y desaparecer, desde el siglo III hasta la caída de Constantinopla en 1453. El británico, aunque oficialmente muerto y enterrado desde 1945, sigue vivo aún en las conciencias de muchos ingleses, de los más mayores especialmente. 
"¿Por qué tenemos que discriminar a los que no son ciudadanos de la UE? ¿por qué unos sí pueden entrar libremente y trabajar en el Reino Unido y los otros no? Si nosotros lo que tenemos que hacer es reforzar las relaciones con la India, Canadá y Australia, con la Commonwealth, y abandonar una fracasada Europa que condena al paro a la mitad de sus jóvenes (en países como Grecia o España)..."

Algunos podrían pensar que todo esto es una jugada maestra del artero Boris Johnson (licenciado en Classics por Oxford) , que ha sabido utilizar las cartas que imprudentemente repartió su antiguo compañero de Eton, David Cameron, en un órdago innecesario con forma de referéndum. La apuesta le había salido bien en lo de Escocia, pero repetir la jugada era tentar a la suerte. Tal vez Boris no sea el bufón que muchos creen, pero lo que parece probable es que sea él, que odia Europa desde sus tiempos de reportero en Bruselas hace veinte años, quien se siente con los demás jefes de gobierno a negociar un divorcio que no será amistoso. 

A los votantes les han hecho creer que podían tener lo mejor de ambos mundos: una plena independencia de Bruselas y un pleno acceso al mercado único. Boris no se ha cansado de repetir que el Reino Unido tiene déficit comercial con Europa, es decir, que como importa más    de lo que exporta, los europeos no serán tan inconscientes de poner aduanas. Los ingleses,   creen que para todos los proyectos europeos comunes, empezando por el Eurofighter, su presencia, su capacidad y su altísimo desarrollo les hacen indispensables. Son la quinta economía del mundo, un respeto. Y sin embargo, hoy el rector de la universidad británica a la que pertenezco durante tres meses (University College London) ha enviado un correo que queriendo ser tranquilizador, dejaba entrever el miedo: hablaba de los numerosos proyectos de investigación que les financia la UE y que seguirán en marcha hasta su terminación (pero no habrá otros nuevos después), de los alumnos de intercambio erasmus de este año y el que viene (nada decía de más adelante) y de los profesores extranjeros que hay en la UCL (que, por ahora, pueden estar tranquilos). 

El Brexit ha sido la más contundente demostración de que quienes creen que las oligarquías nos gobiernan y el pueblo obedece sus consignas como corderitos están equivocados. Las mayor    parte de las elites políticas, finacieras, culturales apoyaban sin reservas la permanencia en la UE. Ha habido incluso una carta firmada por 300 historiadores (dios mío, hay tantos?) en este sentido, y los economistas más reputados -incluyendo de modo destacado al canciller del exchequer- auguraban las consecuencias más desagradables si ganaba el Brexit (con todo, teniendo presente la hiriente incapacidad que estos sedicentes expertos mostraron en el desplome finaciero del 2008, entiendo que no se les hiciera demasiado caso). Las elites del más variado pelaje no tenían dudas. El pueblo de Inglaterra, exceptuando Londres, pensaba, sin embargo, que los salarios han bajado por culpa de la inmigración de ciudadanos europeos, un coladero que sólo saliéndose de la UE, podría taponarse: en el futuro, admitirán los inmigrantes que necesiten, con un sistema de puntos como el que, al parecer, hay en Australia. Claro que, como dijo Said Kahn por televisión, el sistema de puntos no ha impedido que el nümero de inmigrantes se haya duplicado en Australia el últimos años. La inmigración es un arma muy   volátil en manos de un  político sin escrúpulos; es fácil pensar que vuelven los fantasmas europeos de los años 30, pero si Marx tiene razón, no debemos preocuparnos. La historia se repite, decía el viejo barbudo renano, la primera vez como tragedia, pero la segunda, como farsa: se comprende entonces que al bufón Boris  se le haya asignado un papel protagonista,

Por un momento pareció que el brutal asesinato de Jo Cox había dado la vuelta a las encuestas. Un fanático de extrema derecha (con problemas mentales, dicen, pero tratándose de la extrema derecha eso es redundante) la apuñaló y le disparó con una pistola que se había fabricado él mismo, al grito de "Britain first" o "Put Britain first". Incluso el viudo apareció en TV diciendo que la habían matado por sus ideas políticas. No fue suficiente para vencer al brebaje de la xenofobia y la nostalgia imperial. Farage (UKIP) no cabe en sí de gozo; Le Pen es feliz; Trump proclama que hoy es un gran día. Independence day lo llaman;,con esas precisas palabras terminó el astuto Boris su encendido discurso la noche antes del referendum, con el título de una patochada yankee. Europa les parece lo mismo que una invasión de malvados marcianos.

1 comentario:

  1. ¿Boris Johnson alumno de Clásicas de Oxford? Por qué será que no me extraña. Debió de tener una excelente nota en "Retórica y demagogia en la Atenas clásica". Pero me temo que en esta ocasión la asamblea no se puede volver a reunir al día siguiente para reconsiderar la decisión tomada.

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