domingo, 7 de agosto de 2016

Ana, Hackney y Brick Lane.

Os decía que soy supermegabajita, vale, pero también soy muy intelectual. El jueves estuve en un ciclo de mini teatros por todo Camden, realmente estuve en uno que está en el piso de arriba del pub donde comimos el otro día con Jorge. La sala se llama Etcétera y cada día ofrecen tres obras de teatro escritas por gente no muy famosa, o nada famosa, gente joven y extranjeros. Yo fui a ver una obra de un israelí, era una comedia con tres personajes sobre un triángulo amoroso y las relaciones de pareja que acaba mal, pero me reí mucho. El teatro tenía cuatro filas, y el escenario no tenía decoración de nada, pero estuvo genial! Me encanta estar tan cerca de los actores, como en el micrómetro, te metes mucho más en la escena. Además, era más bien barato así que creo que esta semana volveré. Y para seguir con mi faceta intelectual, hoy hemos tenido una visita súper intensa a la Tate Britain, con pintura sobre todo del XVIII, XIX y XX. Mi locura cuando estudiaba arte en filólogia inglesa eran los pre-rafaelitas, con esas mujeres tan lánguidas y etéreas, y hoy hemos visto muchos, también otros cuadros que aparecían en el libro de Arte del siglo XIX, que tradujimos Pedro y yo. Ha sido precioso, la verdad, pero agotador. Porque además, la primera parte de la mañana había sido más movidita.

Juan se fue a trabajar a las 12 y cuando iba de camino, se dio cuenta de que se le habían olvidado sus cosas de HyM, lo que tiene que llevar colgado y que es lo que pasa por la máquina para "fichar", y el distintivo con su nombre. Era urgente que lo llevará porque si no, no le pagan. Así que cogimos un cab y nos fuimos para allá mangados, para que no perdiera tanto tiempo. El taxista parecía que nos seguía la conversación, y casi cuando llegábamos, nos preguntó que de dónde éramos, que el era de Ceuta y que llevaba muchos años en Londres, con su familia y todo. Es una pena que nos lo dijera tan tarde, no nos dio tiempo a hacerle el tercer grado completo... Juan estaba esperando, le dimos sus cosas y salió disparado a trabajar, y nosotros cogimos las bicis hacia el centro. Ufff, que lejos estaba, estuvimos pedaleando casi una hora, de hecho tuvimos que coger las bicis dos veces, pero la zona no podía ser más bonita, la de Kensington y Chelsea, que maravilla de barrios, que gozada en un día maravilloso como el de hoy...!
Cuando vas en la bici mirando el mapa en el móvil, es un riesgo altísimo encima ponerse a hacer fotos, que encima salen fatal, así que esta es la razón por la que no hay más!
En un inciso entre tanta cultura, nos fuimos a comer al pub, un pub muy bonito y muy cuidado, que como hoy es domingo, ofrecía el "Sunday Roast", que es la comida típica nacional de los domingos, un asado con gravy (salsa densa y rica), verduras, nabos y Yorkshire Pudding que es algo raro que no se lo que es, sabe a pan soso pero es muy aparente de aspecto. Pedro se tomó un fish And chips que estaba muy rico también, con guisantes y patatas.
La verdad es que estos ingleses son ocurrentes y buscan el negocio donde sea: en el cuarto de baño del pub había un cartelito que anunciaba un servicio de lo más peculiar. Scooter Man, un señor muy majo que te va a buscar al pub en su pequeña moto y después de que te bebas hasta el agua de los jarrones y tengas la tajada de tu vida, te lleva a casa en tu propio coche. La moto la pliegan y la meten en una funda en el maletero de tu coche para que no se manche nada, así te llevan a casita y todos contentos. Y todo con su correspondiente seguro. No me digáis que no es un servicio inteligente? 
You drink, we drive! 
Y aunque parezca que voy hacia atrás, retrospectivamente, es exactamente lo que voy a hacer. Os cuento lo que hicimos el sabado. El sabado vino Ana López desde Oxford a pasar el día con nosotros. Mi querida amiga Ana, con la que hemos pasado tan buenos momentos y con quién me encanta charlar y a quien veo tan poco... Vino ella sola, los chicos estaban de vacaciones por el mundo. Fuimos a buscarla a Shepherds Bush y nos fuimos a Camden a comer y echar la tarde para que Juan lo viera. Nos tiramos casi una hora en el bus, hablando de lo divino y de lo humano, cruzando Londres. Comimos bastante tarde y luego nos dimos un paseito por Camden. No me canso, es tan divertido, tan variado, siempre ves algo nuevo o a alguien más raro. 







Nos tomamos un café helado de Etiopía, mmm riquísimo, mientras Pedro y Juan pegaban la hebra con una española que tenía un puesto de camisetas súper chulas. Que mundo tan global..., o tan pequeñito...una chica de Badajoz que tiene un puesto de camisetas hechas en La Coruña, y se las vende en Camden a un Santiagués. Y al final se la compró. Después de dar un paseito, nos fuimos al barrio de Hackney. Es el barrio del este de Londres donde yo vivía con 23 años, cuando me dieron la beca del ministerio al acabar la carrera, yo daba clases de español en institutos. Me dio el día nostálgico y allá que los arrastré a todos, aunque también con la excusa de que es un barrio un está súper de moda y no tiene nada que ver con lo que era. Ni turcos, ni indios, ni chipriotas, nada de lo que había hace años, el barrio se ha "gentrified", se ha gentrificado, o se ha hecho rico, moderno, hipster, joven... Los restos de almacenes o talleres son ahora cafés de lo más alternativo, tiendas súper vintage y todo en general muy caro. Caminamos por el barrio hacia mi casita y nos sentamos a tomar algo en el pub de la esquina. Es raro que en los pues no puedas tomar un vulgar te, pero es así. Se lo pedimos a la chica y ella muy amable nos dijo que sí, que nos hacía un té y se fue a su casa a por dos mugs de su hijo para servirnoslo en ellos. Están locos estos británicos...
Nada, no hay forma de que Juan se corte ni un poco el pelo... Dice que cuando vuelva se lo va a cortar a lo bestia! Que radical, no? Por cierto, que este finde Jorge no estaba con nosotros porque se había ido de juerga a Brighton, a ver la gran juerga y desfile del orgullo gay. Es un fiestón que tiene fama, Brighton se ve invadido de gente de todas partes y condición para disfrutar de dos dias de fiesta rachada. A pesar de la garganta y el trancazo que tenía, se lo paso fenomenal, ahora está de resacón. Y no, no es gay.
Ya nos volvíamos a casa, que era más bien tarde, cuando vimos unos carteles luminosos enormes con "Street Feast" escrito. Hay una revista/aplicación en Londres que se llama Time Out que te orienta sobre todas las cosas que puedes hacer en Londres, de todo tipo, ya sean gratis o de pago, y en Time Out yo había leído que en verano hay varios lugares, como éste, donde puedes probar comida diferente y hay música también, un lugar muy recomendado del que no teníamos ni idea. Bueno, pues aunque era claramente para gente mucho más joven, y Pedro no estaba muy convencido, al final nos metimos a ver qué tal. Es el tejado de un enorme almacén o fábrica antigua desmantelada totalmente, bajo el cual hay muchísimos puestos de comidas y bebidas de todo tipo y mucha música, también hay mesas para sentarse y comer lo que te compras, o barriles enormes para estar de pie. Había mucha gente allí, cenando y bebiendo, y claramente pasándolo muy bien. Después de tomarnos unos mini-naans indios de tres tipos y algo de beber, nos fuimos ya para casa.

Y por último, el viernes, que sigo para atrás, estuve yo en Spitalfields Market y en BrickLane. El mercadillo este era como todos, muchísimos puestos de artesanía y cosas medio hippies y mucha, muchísima comida. Como es zona de oficinas, la gente tiene muy fácil bajara a coger algo aquí, y no tardan nada, así que supongo que por eso es tan popular. Luego llegué a Brick Lane, que es una calle, corazón del barrio indio hace años. Hace años me leí un libro de Monica Ali con el título de Brick Lane y ciertamente, me gustó mucho. Desde entonces, tenía mucha curiosidad por conocer esta zona y hace años, que estuvimos con los niños un verano por aquí, en casa de David, fuimos a conocer el barrio. El viernes vi que igualmente está muy cambiado, no es una zona bonita ni elegante, así que no se ha gentrificado como Hackney, pero sí ha sido invadida por tienditas postmodernas, llenas de estilo y cosas curiosas, mucha moda rara, cafés y sitios de te súper especiales, muy coqueto todo. Una de las tiendas que más me llamó la atención es el "cereal killer cafe", con miles de tipos de cereales para que te los tomes con leche o lo que te de la gana. Qué original!! Voy a tener que ir a probarlo...
Este es el café de los cereales, que original, no? 



Y lo curioso es que a este pobre le estaban echando la bronca por hacer graffiti!!!!! Me hubiera encantado escuchar los,argumentos del poli.... Oiga usted, esto de pintar en las paredes aquí no se puede hacer..., usted que se ha creido!?!? O algo así...

























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